sábado, 19 de marzo de 2016

Diputaciones

Lo primero que quiero aclarar, es que soy firme partidario de la supresión de las diputaciones, por múltiples circunstancias que he expresado en muchas ocasiones y que en tiempos pasados lo llevé en alguna propuesta hasta los congresos provinciales del partido donde ahí terminaron su recorrido.

Ahora no salgo de mi asombro de lo que está ocurriendo en el PSOE. Se llega a un acuerdo con Ciudadanos para suprimirlas y sustituirlas por otro tipo de organización, se aprueba este acuerdo por los militantes y de repente, aparecen mociones en las diputaciones para que no desaparezcan  y hete casualidad que esas mociones son aprobadas por los diputados de PP y PSOE.

¿Casualidad, u otro tipo de intereses no confesados para  repartirse una serie de prebendas?.¡Que poco pintamos los militantes!, no nos hacen ni caso, aquí una serie de señores con poder en el partido se creen que  son los sabios que nos va a  sacar de todos los apuros y que sin encomendarse a nada ni a nadie luego hacen de los acuerdos lo que quieren, cuando muchos de ellos lo único que han hecho, hacen y piensan seguir haciendo es perdurar en el machito, sin tan siquiera haber trabajado nunca  ni en la vida pública, ni en la privada, sólo han vivido, viven y seguirán viviendo de la política y en muchos casos estos no han ganado nunca unas primarias.

Yo no tengo todos los resortes, para hacer un estudio exhaustivo ni un resumen detallado de todo lo que conlleva su supresión, pero si estoy convencido de que hay alternativas. Ahora bien, hace unos días leí un artículo en el Digital de Castilla La Mancha firmado por Ricardo Sánchez-Candelas, en el que hablaba de este tema y planteaba  la siguiente tesitura: Supresión de la diputaciones ¿y por qué no las autonomías?, y es curioso hacía unos razonamientos muy claros, creo que acertados y desde luego en lo que es bueno detenerse y pensar en ellos porque  a lo mejor según ese artículo, todos estamos equivocados y son las autonomías las que no están dando la respuesta adecuada a las necesidades de los ciudadanos.

No se que es lo que se quiere en realidad en estos momentos en el partido, si intentar formar gobierno, dejar al PP que gobierne o ir a unas elecciones, presiento que hay unos intereses no confesables de gentes del mismo partido para salvar ciertos postulados y tal vez, seguir con sus prebendas, sin que nada cambie para que todo siga igual.

Siempre he dicho y sigo pensando lo mismo, que en política hay que ser decididos y si se quiere algo ir a por ello sin tapujos y con valentía, sin embargo, ahora hay gente que tira la piedra y esconde el brazo, ni si, ni no, ni todo lo contrario, está agazapaba o dando medio la cara a ver que pasa y en un momento determinado erigirse como la persona que va a sacar al partido de su situación y nos va a resolver todos los problemas. Yo aconsejo que si así lo creen den un paso adelante, sean valientes, se presenten a lo que se tienen que presentar y tiren del carro, y si no que se callen y ayuden a los demás.

Dicho esto, voy a aclarar algo  que quiero que se sepa sobre mi actuación en el proceso de primarias  que terminó con la elección de Pedro Sánchez y el acuerdo con Ciudadanos, pero una vez que esto  se ha llevado a cabo hay que respetar lo votado, esa es la democracia y a eso nos debemos todos cuando esta democracia se ha ejercido con las garantías suficientes.

En las primarias para elegir al Secretario General, avalé a Pedro Sánchez, por una serie de circunstancias que no viene al caso explicar para no alargarme, pero voté a Madina por otras cuestiones, y ahora no estoy de acuerdo con lo que se le está haciendo a Pedro Sánchez, no sé si se le está coartando su actuación, si se le está ninguneando o qué se pretende, pero a pesar de los errores que haya cometido o cometa, tiene mi apoyo y si no, como he dicho antes, que se postulen quienes quieran, pidan avales y tiren para adelante, pero que dejen de poner en entredicho el acuerdo a que ha llegado con Ciudadanos y no vengan ahora con zarandajas de diputaciones y demás cuestiones.

Alberto González González



domingo, 13 de marzo de 2016

Encuentro con José María Paredes

         El  12 de marzo, hemos celebrado un encuentro en la sede del partido en Talavera de la Reina, con el compañero José María Paredes, coordinador y portavoz de la corriente Izquierda Socialista de la Comunidad Autónoma de Extremadura.

  
   El encuentro, que resulto muy interesante, consistió en una exposición muy detallada sobre los planteamientos de la corriente izquierda socialista, en todos los temas que, de carácter político, están en la opinión pública en la actualidad. 

      También comentó las resoluciones que la Coordinadora Federal aprobó el 16 de febrero en Mérida sobre la formación de un gobierno de izquierda y la transición a un modelo Federal. Así mismo José María planteó la necesidad, en el momento actual, de la expansión de la corriente, por lo que ofreció todo su apoyo a las personas que quieran integrarse y constituirse como corriente, tanto en Talavera, como en Toledo o Castilla-La Mancha.

         El interés del encuentro, quedó patente en el dinámico debate que se planteó una vez finalizada la exposición. José María no solo  aportó información sobre los planteamientos de la corriente, sino también dio una visión del funcionamiento de nuestro partido en otras localidades de la Comunidad Autónoma vecina.

                                                        

lunes, 7 de marzo de 2016

PACTOS

         Después de las elecciones del 20 D ha llegado la hora de llegar a acuerdos con el  fin de pactar un gobierno que dé impulso a España.

         En las últimas elecciones municipales y autonómicas se dieron unos resultados que obligaron a los partidos y a las agrupaciones electorales a hacer unos pactos de todo tipo, pactos incluso variopintos de unos partidos con otros, los más inverosímiles e inesperados, y si no que se analicen con detenimiento porque algunos se conocen y otros no. Tal vez en los pueblos y si son pequeños, todos se conocen y saben con quien tienen que pactar porque saben como piensa y actúa cada uno, independientemente por donde se haya presentado. Entiendo que a mayor número de habitantes tal vez la persona no sea tan conocida y se vaya  más al mundo de las ideas.

         A nivel nacional, no se si estamos asistiendo a una ceremonia de la confusión o a jugar a que los ciudadanos nos hemos confundido al votar, y los partidos no son capaces de ponerse de acuerdo y pactar un programa y un gobierno. Si es así, el camino emprendido no llega a ninguna parte, los partidos tienen que reflexionar y ver el por qué se ha llegado a esta situación, apechugar con los resultados y evitar meter al país en un nuevo proceso de elecciones.

         Parece ser, que el PP tiene la sensación de que se encuentra aislado, de que nadie quiere hablar con ellos, de  que se quiere establecer un cordón sanitario político en torno a ellos. Yo no creo que esto sea así, si acaso son ellos los que han propiciado esa situación, más bien han sido  quienes han creado ese cordón sanitario contra si mismos, por sus políticas en el gobierno, por la falta de diálogo con los demás partidos, por su prepotencia con la mayoría absoluta aplicada como rodillo en las Cortes, por el uso y el abuso del decreto como forma de gobernar, etc, etc…

         El PP a mi juicio, debería pasar a la oposición y en ella regenerarse de muchas cosas que le están apareciendo y por las políticas que ha aplicado, haciendo sufrir a miles de trabajadores y de ciudadanos de todas las clases sociales que están perdiendo multitud de derechos. España necesita un gobierno fuerte, pero no un gobierno de mayoría absoluta instalado  en la arrogancia.

         Hay madera para formar un gobierno distinto a lo que propone el Sr. Rajoy, y para ello se necesita voluntad y mucho diálogo, muchas cesiones y que todos los  partidos se dejen pelos en la gatera. No un gobierno en el que se impongan tanto las ideas de unos y otros, pero si un gobierno en el que se imponga la razón y la cordura de unos y otros y que recoja de verdad las necesidades de los ciudadanos. Un gobierno que sirva para poner en marcha medidas urgentes, que reduzca privilegios de la clase política, mandatos, aforamientos, reducción de servicios inútiles, organismos etc.

         No tengo dudas de que ese gobierno debería estar encabezado por Pedro Sánchez con el apoyo de partidos como Podemos, Ciudadanos, IU, pero tampoco sé con qué fórmula, si gobierno de coalición o apoyos puntuales, pero un gobierno de gente nueva, joven, con nuevos líderes, pues como dice Lucía Méndez, ya los hijos  políticos de PP y PSOE tal vez sean otros y son el relevo generacional, a nosotros ya se nos escapan.

         Deberían ponerse de acuerdo los partidos, ceder y en definitiva pactar, pero pactar de verdad para el bien de los ciudadanos, que seguro lo entenderemos y en próximos comicios sabremos en que dirección tenemos que votar en virtud de los resultados.

         La economía en un país es fundamental, pero no lo es todo, de acuerdo que si no se cubren las necesidades básicas es difícil vivir, pero un reparto justo de las cargas y unas leyes que lo permitan pueden generar un alivio en las personas desfavorecidas, y no podemos entrar en ese neoliberalismo en el que nos hemos instalado, en el que sólo cuenta la competencia de los mercados y se olvida de las personas. Muchas leyes, no tienen coste económico alguno y sirven para aliviar la vida de las personas, no hace falta enumerarlas, algunas  están en la mente de las personas, pero es más fácil ser hipócritas y no darnos cuenta que esos casos están en cualquier familia sea de la ideología que sea.

         Hay que eliminar muchos tabúes y el primero de ellos en la situación en que estamos es que España ha votado que se lleguen a pactos y estos se tienen que llevar a cabo, si no es así estaremos ante el gran fracaso de la política.

         Son tiempos nuevos, todos tenemos que adaptarnos a ellos, hay que tener visión de futuro, dejar paso a nuevas gentes, confiar en ellas, ayudarles dentro de lo posible, pero que sean quienes empecen a llevar el timón de esta sociedad.

         España es un país con vitalidad, capaz de levantarse, pero para ello hay que poner el empeño necesario y por lo visto, repito ha llegado la hora del consenso del diálogo y los pactos, los ciudadanos hemos puesto a prueba a los políticos, ellos sabrán si la superan.

 Alberto González González

viernes, 4 de marzo de 2016

¿HACIA DONDE VAMOS?

No sé si este puede ser el título adecuado o debería ser este otro. ¿Hacia donde nos llevan los políticos?, porque yo entiendo que el camino a seguir lo hemos marcado los ciudadanos con nuestro voto el 20 de diciembre y le hemos dicho a nuestros representantes cual es, que no es otro que el del diálogo y el del consenso, y que las mayorías absolutas en estos momentos han desaparecido.

            Aunque se ha marcado el camino, nuestros políticos parecen no entender, o no quieren entender que es peor, que hay que negociar, llegar a acuerdos y ponerlos en práctica ya mismo, porque la sociedad está pasando momentos difíciles y quiere soluciones que nos saquen de este agujero negro.

            Si hacemos un pequeño análisis, nos encontramos con un Rajoy que esgrime la misma cantinela, he sido el más votado y yo tengo que formar gobierno, olvidando que estamos en una monarquía parlamentaria y cuando no existe mayoría absoluta de un partido gobierna quien consigue los apoyos en el parlamento. Ya hemos sufrido los españoles bastante con un gobierno suyo de cuatro años, presidido por la arrogancia y la prepotencia, apoyándose en los decretos y en su mayoría absoluta, sin dialogar con nadie, y prueba de ello es que ahora apenas encuentra apoyos en el parlamento para su investidura, no es de extrañar que renunciara a ella cuando se lo propuso el Rey, eso demuestra además, que queda invalidado para seguir gobernando este país.

            Ante esta situación encontramos a un Pedro Sánchez, responsable, valiente y decidido a salir del parón producido por esta negativa, y a propuesta del Rey toma la iniciativa y desbloquea la situación, esta acción merece el reconocimiento de todos los españoles y decidido a ello entabla las conversaciones oportunas con los partidos políticos, llegando a un pacto desde luego insuficiente con ciudadanos, pero que desbloquea la situación e invita a los demás partidos a que lo apoyen.

            En el debate de investidura estaban cantadas las votaciones, pero en la primera se decidieron claramente las posiciones, tal vez demasiado cerradas y algunas bruscas que pueden dificultar negociaciones posteriores, aunque en política todo es posible y Pedro Sánchez, en un gesto yo creo que de generosidad e inteligencia sigue con la mano tendida a ciertos postulados, aunque es incompresible la actitud de Pablo Iglesias que se ha pasado de frenada con el PSOE y debería hacer un acto de reflexión sobre lo que ha dicho y como lo ha dicho, yo me quedo con la actitud de Pedro Sánchez.

            Termino diciendo que sería bueno no repetir las elecciones, por una sencilla razón, los ciudadanos llevamos bastantes votaciones, nos estamos cansando, cunde el desánimo, puede descender la participación y se puede estar dando la sensación por parte de los partidos que van a los suyo y los ciudadanos estamos en segundo plano. Que digan menos que lo  hacen es por el bien del pueblo y que hagan acuerdos para sacar a su pueblo de la situación en que se encuentra.

Alberto González González

domingo, 14 de febrero de 2016

SÍ AL PACTO POR EL CAMBIO Y LA REGENERACIÓN

Es un hecho incontestable que Pablo Iglesias, con su comparecencia, rodeado de su guardia pretoriana, para anunciar un pacto de legislatura con el PSOE, ha conseguido agitar aún más las ya bastante revueltas aguas de la política española. La pregunta es: ¿Qué ha pretendido conseguir con esa histriónica aparición?
    Yo, como militante de base del PSOE, igual que la mayoría de los militantes de base del Partido, soy  partidario de ese pacto y apoyo sin condiciones que Pedro Sánchez lo negocie,   pues estoy convencido de que solamente un gobierno formado por fuerzas progresistas puede curar las heridas y borrar las secuelas que las políticas de austeridad y recortes del PP han dejado en la sociedad española. Sin embargo, aunque considero que ese pato es necesario, tengo mis recelos sobre las verdaderas intenciones de esa propuesta, sobre todo por la forma como se ha presentado y por  las condiciones que se han impuesto.
    Primero las formas, la actitud despectiva de Pablo Iglesias hacia Pedro Sánchez y exigirle que se lo agradezca, como si el beneficiado de ese posible acuerdo fuera Pedro y no la sociedad española, y que contribuir a configurar un gobierno de izquierdas, que tenga como objetivo mejorar las condiciones de vida de los españoles, no lo considerase un deber sino como un don gratuito que le ofrece a Pedro Sánchez. Esas formas son inaceptables, y si esas son las nuevas maneras de hacer política y de abordar los problemas que preocupan a los ciudadanos no se puede esperar mucho de esa oferta, ni de la nueva política, pues produce la sensación de  que ofrece poca credibilidad y sobre todo poca confianza.
    Segundo porque, si realmente está dispuesto a participar en un gobierno de progreso, se lo debía haber comunicado primero directamente al interesado y no haber aprovechado  su paso por La Zarzuela para escenificar la oferta. Hay demasiado teatro y poca seriedad en esas nuevas formas de hacer política. Y tercero porque lo primero que han puesto sobre la mesa de negociación han sido los sillones en los que se quieren sentar. ¿Dónde está el cambio que prometían, si lo primero que hacen es pedir sillones sin haber hecho antes ni una sola propuesta para debatir sobre lo que realmente preocupa a los ciudadanos? Contrástense y debátanse primero los programas, elabórese un plan de gobierno y luego se ponen de acuerdo sobre el reparto de responsabilidades. Podemos no ha hecho propuestas, se ha limitado a imponer condiciones. No es la mejor forma de plantear el inicio de una negociación.
    Existe una percepción generalizada de que lo que realmente ha pretendido Pablo Iglesias ha sido tender una encerrona al PSOE, y sobre todo a Pedro Sánchez ante su supuesta debilidad dentro del Partido a causa de la actitud de algunos barones y gerifaltes. Si lo que pretende con esa estrategia  es terminar de hundir al PSOE y así conquistar el Cielo, puede que lo consiga, pero también pudiera equivocarse. Los ciudadanos quieren un pacto para que cuanto antes se empiece a trabajar para solucionar sus problemas, sobre todo el paro y las secuelas  de pobreza y miseria que ha dejado tras sí. Los ciudadanos piden que se terminen los viejos hábitos de la política española, basada en la confrontación permanente, quieren y esperan que se negocie y se pacte, y que se recupere cuanto antes todo lo que se ha perdido durante los cuatro años de gobierno del PP.
     Hay demasiado teatro en las actuaciones de de los líderes de Podemos, y pudiera ser que Pablo Iglesias terminara convirtiéndose en el Beppe Grillo español, y Podemos en la CUP de la política española, pero Pedro Sánchez no se va convertir en el Artur Mas de dicha política. Pablo Iglesias ha criticado la vieja política, y con razón, pero la suya, la de machacar al adversario  político como única forma de conseguir el poder, de conquistar el cielo, y el poder por el poder, es maquiavelismo puro y duro,  poco original y no representa nada nuevo. Los ciudadanos no están pidiendo Príncipes que gobiernen a su antojo, para eso ya tenemos  los mercados, sino políticos, que sin ocultar sus ideas y sus intenciones, luchen por destronar a esos nuevos Príncipes del neoliberalismo capitalista, y para liberar a los ciudadanos de la nueva servidumbre  a la que han sido sometidos por las inicuas leyes de la globalización y de los emperadores  de los mercados. Hay que desmontar el entramado ideológico del paradigma neoliberal y construir, desde la izquierda, un nuevo discurso que demuestre que si hay alternativa al modelo de política económica neoliberal, pero hay que hacerlo desde el respeto mutuo y la lealtad.
    Pedro Sánchez encajó con gallardía lo que se puede considerar juego sucio y un golpe bajo por parte de Pablo Iglesias en el cuadrilátero de la vieja política, y a pesar de la sorpresa, por lo inesperado del golpe, respondió ofreciendo una serie de propuestas sobre las que debería centrarse el inicio de las negociaciones, no por el reparto de sillones. Háganse propuestas, no se impongan condiciones antes de empezar por ninguna de las dos partes. Eso es lo normal y lo que quieren y esperan los ciudadanos.
    Tampoco sería lógico que el PSOE, como consecuencia de esa actitud prepotente, tal vez insolente e incluso humillante por parte de Pablo Iglesias, se oponga a una negociación transparente, con luz y taquígrafos, donde de verdad, sin teatro, se aborden los temas que realmente preocupan a los ciudadanos. El PSOE, por cuestiones de forma, no puede dar la baza a Podemos para que Pablo Iglesias pueda decir: “veis, ya  lo decía yo, el PSOE nunca ha querido pactar con notros”. El PSOE debe negociar hasta el límite,  sin condiciones previas, y si Podemos plantea exigencias o pone condiciones que hagan imposible el pacto, que sean ellos quienes expliquen claramente a sus votantes qué es lo que quieren hacer con España. Es la hora de la verdad, el teatro ha terminado. El PSOE no puede asumir el coste político de que por cuestiones de forma haya que ir a nuevas elecciones o facilitar que  siga gobernando el PP. Es verdad que hay en el PSOE  barones y gerifaltes que, desde sus convicciones socialliberales, se muestran contrarios no ya al pacto, sino a la mera negociación. Demonizan  las ideas. Pero han sido ellos, quienes con sus planteamientos ideológicos, han conducido a que el PSOE haya perdido el apoyo de los ciudadanos, y en estos momentos estarían mejor callados. Por eso desde las bases debemos decirles basta, que dejen de enredar con el gran pacto que daría tranquilidad a los mercados pero se continuaría dejando en la cuneta a millones de desempleados.
    Es el bien de España y de los españoles lo que está en juego en  esas posibles negociaciones, cuyo primer objetivo debe ser conseguir la unidad de la izquierda para la elaboración de un proyecto de cambio que habría que defender en Europa, y que coloque como centro de la política económica el interés y el bienestar de los ciudadanos, y no la defensa de los intereses del capitalismo. Hay que legislar para garantizar el bienestar de los ciudadanos no los intereses del gran capital. Y en segundo lugar hay que desmontar la idea de que no hay alternativa al neoliberalismo económico y de que cualquier iniciativa contraria al modelo neoliberal es populismo irresponsable o radicalismo que pondría en riesgo el bienestar y la seguridad de los ciudadanos. Sin embargo, no hay mayor radicalismo que dejar en la miseria económica y la exclusión social a millones de personas, que no tienen o no tendrán nunca  la posibilidad de acceder a un puesto de trabajo digno y bien remunerado, y no lo tendrán porque esa es la consecuencia inmediata e ineludible del modelo económico neoliberal reinante.
    Hay que demostrar que el modelo neoliberal de los recortes y la austeridad no es una exigencia económica sino la expresión teórica y práctica de una ideología. Y es esa ideología la que hay que combatir desde el campo de las ideas. Es sobre esos aspectos ideológicos fundamentales en los que se debe centrar la negociación que haga posible un acuerdo y un pacto. Hay que ser radicales y no tener complejos a la hora de defender los derechos fundamentales de los ciudadanos, y la única forma de garantizar esos derechos es realizar políticas redistributivas, que son las únicas que pueden garantizarlos. Lo contrario sí que es populismo y radicalismo antisocial. Y es esa necesidad de combatir los fundamentos ideológicos, en los que se basa el modelo neoliberal, lo que obliga al entendimiento de ambos partidos. Lo contrario sería traicionar las expectativas y la esperanza de cambio de los  ciudadanos.

   Nadie entendería que por cuestiones exclusivamente personales o partidista hubiera que repetir las elecciones porque alguien piense que, en una hipotética repetición, saldría beneficiado. O lo que aún sería peor, que se provoque la caída den Pedro Sánchez, y que aparezca algún salvador o salvadora, partidarios del gran pacto, y que sacaran a Rajoy o al PP de la tumba, cual otro Lázaro, que todo podría ocurrir. Con lo cual se cumpliría la profecía de Pablo Iglesias de que el PSOE prefiere pactar con el PP antes que con ellos.  Si eso ocurriera no dejaría de ser una gran irresponsabilidad de la que alguien tendría que responder. Porque quienes seguirían pagando la consecuencias serían los ciudadanos. ¿Alguien está dispuesto a asumir esa responsabilidad? 

Estado frente a Mercados

La crisis económica y financiera que padecemos se ha transformado en una grave crisis política e institucional a consecuencia del triunfo de la ideología neoliberal que, al anteponer la ley de los mercados y los intereses financieros a los derechos de los trabajadores, y de los ciudadanos ha generado el descrédito de la política y de los políticos y el desprestigio de todas las instituciones, ya que, según los neoliberales no es el Estado sino los mercados  quienes pueden garantizar  la libertad y el bienestar de los individuos.
        Es verdad que esa función  del mercado, como garantía de libertad, fue válida tras la ruptura de un modelo político y social provocado por la revolución francesa y americana. Tras esas revoluciones surge un modelo de sociedad que había derribado una monarquía absoluta, eliminado los privilegios de la aristocracia, abolido la servidumbre, se asentaba en el principio de que la soberanía reside en el pueblo soberano y consagraban  la igualdad de todos los ciudadanos. Era esa igualdad la que permitía a los ciudadanos libres acudir al mercado como espacio de libertad y democracia con total independencia del soberano y de los señores que antes eran los dueños de su voluntad. El mercado iguala y libera, todos acuden a él en igualdad de condiciones para negociar sus intercambios comerciales. Es en ese contexto posrevolucionario y precapitalista, donde todos se sienten igualmente libres, donde tienen sentido esos conceptos de mercado y de libertad; pero estos conceptos no son extrapolables al contexto histórico actual.
        El mercado capitalista no es un espacio físico al que los ciudadanos acuden a intercambiar sus productos, sino un concepto abstracto, donde individuos anónimos y sin rostro buscan satisfacer  intereses individuales contrapuestos,  que son los intereses del capital y no los de los ciudadanos. Además destruye los vínculos sociales entre los ciudadanos y los convierte en meros consumidores, y donde la libre competencia transforma el espacio social en un campo de lucha de todos contra todos. Por lo cual el mercado globalizado no es un espacio de libertad e independencia para los ciudadanos sino de total dependencia de un nuevo soberano, los mercados, una nueva aristocracia, los directivos de las grandes empresas y de los servicios financieros, a cuyo servicio parecen estar los políticos. Situación que nos retrotrae a finales del Siglo XVIII. Pues el poder de los mercados no nos libera, sino que constituye una auténtica tiranía que esclaviza a los ciudadanos.
       Los gobiernos han considerado la soberanía popular como una democracia exclusivamente representativa, obviando la necesaria democracia participativa que debe complementarla, gestionada por unos políticos, que son vistos por los ciudadanos más preocupados por mantener su estatus personal y de sus partidos que de defender los interese de los ciudadanos a los que dicen representar, pero que en realidad parecen estar al servicio de los mercados financieros.
       Tenemos una clase política, tal vez de pensamiento débil y de escaso esfuerzo intelectual. Dicen sentirse preocupados por el desafecto de los ciudadanos hacia la política y los políticos, el euroescepticismo,  el auge y el peligro de los populismos, pero parece que no se preguntan por cuál es la causa de ese desafecto y que no se dan cuenta de que el problema son ellos mismos, pues  han degradado la acción política banalizando el discurso político al reducirlo a simples eslóganes vacios de contenido, a reproducir titulares de prensa , y han convertido el debate parlamentario a una mesa de pimpón, donde sólo se lanzan reproches los unos a los otros para descalificar y desacreditar al adversario, pero no centran su debate en aquello que realmente preocupa a los ciudadanos, o en buscar consensos para solucionar conjuntamente los graves problemas que les afectan. Por eso los ciudadanos no se sienten representados por la clase política. Quieren que los políticos hagan política en beneficio de los ciudadanos.
       Esa es la causa del desafecto. Por eso los ciudadanos no se sienten representados por la  clase política, rechazan la democracia representativa y exigen una democracia participativa, quieren participar activamente en la toma de decisiones políticas. Es aquí donde el PSOE debe comprometerse  a fondo con los ciudadanos si quiere retomar la iniciativa política y recuperar la credibilidad. Por eso el PSOE tiene que abrir el debate a los ciudadanos,  analizar sus problemas, escuchar sus propuestas e incorporarlas a su programa. Ese debate podría organizase en torno a las ideas fuerza del documento de la Conferencia Política y de los artículos de la Constitución en los que se definen las funciones del Estado y los derechos y deberes de los ciudadanos.
        Es necesario que sean los ciudadanos quienes decidan a quién corresponde organizar el modelo económico que quieren, al Estado o a los mercados, pues a ellos y sólo ellos,  los dueños de la soberanía popular, a quienes corresponde decidir libremente qué modelo de Estado prefieren. Un gobierno fuerte con capacidad de actuación directa en la organización de un modelo económico redistributivo, con una fuerte inversión para promover el empleo y el consumo para activar la economía, o un modelo que recorta gastos e inversiones y pretende fundamentar la salida de la crisis ampliando los beneficios de las empresa a base de bajar impuestos a los ricos,  rebajando los sueldos y suprimiendo los derechos de los trabajadores.
        Creemos que es necesario recuperar la regulación de los mercados y el papel de los Estados para reparar los daños producidos  por las políticas ultraliberales que, en las últimas décadas, se han impuesto en Europa y a nivel mundial de la mano de los mercados y de la globalización, y apoyados tanto por la derecha como por la izquierda. Por eso los españoles no confían en el PSOE, porque ha hecho políticas similares a las que está haciendo el PP, y aceptan resignadamente la situación, “esto es lo que hay” dicen con resignación, porque se les ha hecho creer  que no hay alternativa y,  por tanto es necesario que el PSOE presente una alternativa que resulte creíble para todos los ciudadanos.

    El neoliberalismo es una ideología y hay que combatirlo desde la ideología. Por eso es importante que el debate político se plantee en el terreno de las ideas, y que los grupos  políticos presenten claramente a los ciudadanos cuál es su opción ideológica y su modelo de Estado y de sociedad, pues el modelo político y económico del neoliberalismo hay que combatirlo con un modelo de izquierdas  basado en la solidaridad y en el respeto de los derechos y libertades de todos los ciudadanos, y hay que defenderlo con energía y sin complejos.

SUBSTRATO IDEOLÓGICO DE LA CRISIS

               Los integrantes de la plataforma “POR UNA RENOVACIÓN DESDE LA BASE” del PSOE de Talavera      queremos contribuir a que nuestro partido recupere la  credibilidad perdida y para ello creemos que es necesario que el debate político se plantee en el terreno de las ideas. Estamos ante una crisis económica, que tiene su origen en una crisis financiera,  y que es también una crisis política y social con un fuerte substrato ideológico. Por consiguiente la salida de la crisis exige una respuesta política, y una revisión de los planteamientos ideológicos del modelo político y económico que han conducido a la desastrosa situación económica en la que nos encontramos, y de la que no se puede salir  si su solución se deja en manos de quienes la provocaron, y que pretenden que salgamos de ella con el mismo modelo económico y los mismos procedimientos que la generaron: desaparición del Estado y dejando el control de la economía en manos de los mercados, de los expertos y de la financiación externa para promover el empleo y estimular el consumo.
         Esta crisis económica y financiera no es consecuencia de la inviabilidad del Estado de bienestar, sino del fracaso de un modelo económico regido por la globalización, el libre mercado, la especulación, la libre competencia y la falta de control por parte del poder político. El Estado de bienestar fue el resultado de un pacto entre grupos políticos y agentes sociales de diferentes ideologías. Es verdad que ese consenso fue consecuencia de los desastres producidos por las guerras y el miedo a las revoluciones, pero fue una respuesta consensuada como alternativa a la disyuntiva entre el liberalismo y el socialismo real, y supuso el mejor periodo de crecimiento económico y  de paz social vivido en Europa durante tres décadas. Sin embargo, paralelamente se desarrolla en EEUU una corriente de pensamiento neoliberal que, desde fundaciones perfectamente organizadas y   muy bien subvencionadas por los neoconservadores, crean unas élites intelectuales y generan una corriente de opinión que poco a poco se irá imponiendo y controlando las instituciones del poder, y que aparecen con fuerza en la escena política internacional en la década de 1970 con la llegada al poder de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y que supone un cambio radical en la orientación de las políticas económicas y financieras de finales del S. XX y principios del XXI.   Esta ideología penetró en la socialdemocracia, se ha extendido globalmente y controla las principales Instituciones internacionales: Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial de Comercio..
       El núcleo ideológico fundamental del neoliberalismo es el carácter absoluto de su concepto de libertad. Niega a cualquier poder central autoridad para organizar la  economía debido a su incapacidad para sintetizar toda la información dispersa entre millones de personas en todo el planeta. Será de la confluencia de los intereses individuales de esos millones de individuos de donde surja espontáneamente el orden. Es la ley del mercado y hay que confiar en él, pues toda intervención del Estado  sería arbitraria y conduciría a la tiranía. Serán los precios los que darán la información sobre lo que el público desea. No incumbe al gobierno decidir en lugar del público. La libertad consiste en ser libre de la voluntad de cualquier persona, incluida la del legislador. Rechazan que se puedan poner límites a la libertad económica. Creen que la propiedad individual es inviolable, por lo que no aceptan que se pueda gravar a los ricos, pues no concierne al Estado decidir que un grupo pague para que otros puedan disfrutar de ciertos beneficios, por lo que también se oponen a las medidas redistributivas.
      Para los neoliberales la sociedad no existe, y conciben su mundo, no como una sociedad en la que las personas no tienen intereses y metas comunes y buscan, por medio de sus instituciones, alcanzar el bien común, sino como un conjunto atomizado de individuos, donde cada uno elige lo que considera mejor para sí mismo, sin estar sometido a ningún merco preceptivo.
       La doctrina neoliberal se concreta en las siguientes aplicaciones prácticas: pide que depositemos nuestra fe en la libertad de mercado, las economías monetaristas, la privatización de los servicios públicos, recortes fiscales para los tramos superiores, freno a los sindicatos, oposición general al Estado de bienestar, simpatía hacia el sector de la grandes empresas, competencia libre y sin distorsiones, flexibilidad para los mercados de bienes, servicios, capital y especialmente de mano de obra.
       Este concepto de sociedad y de derecho es el adversario doctrinal que hay que combatir desde la izquierda, cuya tarea consiste en defender la existencia de un marco de de derecho positivo en los ámbitos nacional e internacional que garantice el respeto a los derechos y la dignidad de todos los seres humanos. Ha llegado el momento de plantear la contraofensiva ideológica para recuperar el terreno perdido en el campo de las ideas. Las ideas sí son importantes, son ellas las que gobiernan el mundo y han contribuido a los cambios políticos en el transcurso de la historia. Pero el PSOE, al aceptar como verdades incuestionables  la globalización, la libertad de mercado, la libre competencia… ha realizado políticas neoliberales tales como bajada de impuestos a los más ricos, privatización de servicios públicos, y anteponer la  competitividad económica a  los derechos de los trabajadores.
      El PSOE tiene un problema de credibilidad, sus votantes se consideran traicionados, por eso le han dado la espalda, y no recuperará la confianza de los españoles, si no revisa sus planteamientos ideológicos, reconoce los errores cometidos y pide perdón por las consecuencias que esos errores han tenido para esa parte de los ciudadanos cuyos intereses dice defender. La falta de credibilidad del PSOE no se resuelve diciendo que el PP hace política de derechas, es lo suyo, sino reconociendo que él también ha hecho política de derechas y ha perjudicado a millones de ciudadanos. Lo que los españoles esperan del PSOE es que les diga cómo va resolver el problema de los seis millones de parados; qué medidas va a tomar para recuperar lo que se ha perdido en educación, sanidad y dependencia; cómo va a proteger los derechos de de los que han perdido sus ahorros con las preferentes o sus viviendas con los desahucios; cómo va a corregir las desigualdades entre la minoría  que más tiene y de la mayoría a los que la ley de los mercados condena a la miseria; cómo se van a recuperar las inversiones perdidas en I+D+I, o cómo se va afrontar el tema de la corrupción.
      El PSOE no puede convocar a los españoles para que participen en las primarias si previamente no presenta un proyecto de partido, para España y para Europa, que recoja los problemas y las inquietudes de los ciudadanos y se comprometa con ellos en un pacto social, donde los ciudadanos, como dueños de la soberanía popular, decidan si quieren un modelo de Estado regido por las leyes del mercado al servicio del capital, o un Estado donde los que más tienen contribuyan, mediante la redistribución de la riqueza, a mantener la cohesión social.  Ha llegado el momento de la verdad de la política y de que los políticos den al pueblo soberano la oportunidad de elegir su futuro.
>   Por eso instamos al gobierno, porque así lo exige la justicia, que convoque a todos los grupos políticos, a los agentes sociales, y a los sectores económicos y financieros para pactar entre todos, antes de que sea tarde, una salida al problema insostenible del desempleo.

PACTO CONTRA LA CORRUPCIÓN Y EL DESEMPLEO

Los ciudadanos consideran que la clase política es la responsable de la grave situación de paro y corrupción que estamos padeciendo, y porque corresponde a ellos invertir esa percepción, desde el grupo de trabajo “Por una Renovación desde la Base” del PSOE de Talavera de la Reina pedimos al Gobierno que convoque  a todos los grupos políticos con representación parlamentaria para que, aparcando todos sus diferencias y sus intereses partidistas, se pongan de acuerdo y den una respuesta conjunta, mediante un Pacto de Estado, a los tres problemas fundamentales que más preocupan a los españoles: corrupción, paro y partidos políticos.
   Paralelamente a la burbuja inmobiliaria se fue desarrollando, básicamente en los aledaños de las administraciones autonómicas y municipales, una burbuja de corrupción que afecta por igual a políticos, empresarios, otras instituciones del Estado y a otros ámbitos de la sociedad.
   Pensamos que, hoy por hoy, ninguna fuerza política por sí misma es capaz de solucionar los problemas que tiene nuestra sociedad. Sólo un acuerdo entre todos, (políticos, agentes sociales, empresarios y entidades financieras), pues la corrupción no es exclusiva de los políticos, pueden sacarnos de la situación en la que estamos. No pueden continuar dando la impresión de que son insensibles a los problemas reales de la sociedad. Los políticos tienen que ser conscientes de  que son ellos quienes constituyen uno de los principales problemas que más preocupan a los ciudadanos. Es verdad que la mayoría de los políticos son honestos. Pero también es verdad que la continua aparición de casos de corrupción y la falta de contundencia a la hora de atajarlos hace que los ciudadanos los cubran a todos bajo el mismo manto de la corrupción generalizada. Todos hacen alardes de honestidad y compromiso contra esa lacra, pero los hechos desmienten las palabras. Hay que reforzar la democracia y regenerar la vida pública. Hace falta una Ley de Transparencia que abarque todos los ámbitos de la vida pública y que no deje ningún resquicio por donde pueda filtrarse la corrupción.
   Si todos los políticos, sin excepción, quieren realmente salvar la democracia y recuperar el prestigio que han perdido deben ponerse manos a la obra y emprender un proceso de regeneración ética de la vida pública que termine con esta lacra de la corrupción. Ya no es tiempo de promesas de leyes, ni de palabras vacías que desmienten los hechos, sino de actuaciones contundentes y ejemplares.
   Por otra parte, la dramática realidad que está sufriendo este país, seis millones de parados y más de once millones de personas que viven bajo el umbral de la pobreza, constituye una situación de emergencia nacional que exige también una rápida actuación del Gobierno que debe promover otro Pacto de Estado y pedir la colaboración de todas las fuerzas políticas y sociales a fin de consensuar un acuerdo que permita una rápida solución al problema del desempleo, porque así lo exige la sociedad y porque el trabajo es un derecho constitucional.
“Todos los españoles tienen el deber y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”. Art. 35. 1.
    El modelo productivo impulsado por Aznar y continuado por Zapatero, basado en la financiación del Estado, las empresas y las familias en los mercado financieros, ha fracasado. En el sector privado nadie va a

crear  empleo mientras no  haya demanda para sus productos. Si no hay empleo no hay demanda y si no hay demanda no hay empleo. Por eso pensamos que debe ser el Estado el que actúe directamente como agente dinamizador de la economía, impulsando políticas activas de empleo. Para ello se puede y se debe recaudar fondos mediante una verdadera política fiscal luchando decididamente contra la economía sumergida, el fraude fiscal y la evasión de capitales. Se puede y se debe crear un impuesto progresivo de solidaridad para crear empleo que afecte sobre todo a las rentas más altas tanto las del trabajo como las del capital, crear así empleo social y recuperar aquellos impuestos de trabajo que se han suprimidos en las diferentes administraciones. Esto es posible.
   Primero, porque lo ampara la Constitución.
    Todos debemos contribuir para sostener los gastos públicos.
 “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio.” Art.31. 1´
  Toda la riqueza está supeditada al bien común.
   “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual sea su titularidad está subordinada al interés general.” Art.128. 1
    Porque corresponde al Estado hacerlo.
   “El Estado, mediante ley, podrá planificar la actividad económica general para atender a las necesidades colectivas, equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial y estimular el crecimiento de la renta y de la riqueza y de su más justa distribución.”Art.131. 1        
   Segundo, porque es el único modelo económico que ha demostrado, en la práctica, su capacidad para generar el crecimiento económico y la cohesión social necesarios para garantizar el orden democrático y el buen funcionamiento de la sociedad.
    Tercero, porque mientras no se recupere la idea del Estado como instrumento dinamizador de la economía y como agente redistribuidor de la riqueza, y sigamos creyendo en el dogma de la eficiencia de los mercados como única solución no saldremos nunca de la situación en la que nos encontramos.
   Cuarto, porque  es la única forma posible de transferir dinero a la sociedad, activar el consumo y facilitar de nuevo la actividad  empresarial.
 Pensamos que ese esfuerzo fiscal de los que más tienen y una lucha decidida contra el fraude permitiría al Estado, como  agente redistribuidor de la riqueza, recaudar lo suficiente para realizar políticas activas de empleo que permitirían generar empleos sociales y recuperar los empleos destruidos en las diferentes administraciones: investigación, sanidad, educación y servicios sociales.

   Por eso instamos al gobierno, porque así lo exige la justicia, que convoque a todos los grupos políticos, a los agentes sociales, y a los sectores económicos y financieros para pactar entre todos, antes de que sea tarde, una salida al problema insostenible del desempleo.