domingo, 14 de febrero de 2016

SÍ AL PACTO POR EL CAMBIO Y LA REGENERACIÓN

Es un hecho incontestable que Pablo Iglesias, con su comparecencia, rodeado de su guardia pretoriana, para anunciar un pacto de legislatura con el PSOE, ha conseguido agitar aún más las ya bastante revueltas aguas de la política española. La pregunta es: ¿Qué ha pretendido conseguir con esa histriónica aparición?
    Yo, como militante de base del PSOE, igual que la mayoría de los militantes de base del Partido, soy  partidario de ese pacto y apoyo sin condiciones que Pedro Sánchez lo negocie,   pues estoy convencido de que solamente un gobierno formado por fuerzas progresistas puede curar las heridas y borrar las secuelas que las políticas de austeridad y recortes del PP han dejado en la sociedad española. Sin embargo, aunque considero que ese pato es necesario, tengo mis recelos sobre las verdaderas intenciones de esa propuesta, sobre todo por la forma como se ha presentado y por  las condiciones que se han impuesto.
    Primero las formas, la actitud despectiva de Pablo Iglesias hacia Pedro Sánchez y exigirle que se lo agradezca, como si el beneficiado de ese posible acuerdo fuera Pedro y no la sociedad española, y que contribuir a configurar un gobierno de izquierdas, que tenga como objetivo mejorar las condiciones de vida de los españoles, no lo considerase un deber sino como un don gratuito que le ofrece a Pedro Sánchez. Esas formas son inaceptables, y si esas son las nuevas maneras de hacer política y de abordar los problemas que preocupan a los ciudadanos no se puede esperar mucho de esa oferta, ni de la nueva política, pues produce la sensación de  que ofrece poca credibilidad y sobre todo poca confianza.
    Segundo porque, si realmente está dispuesto a participar en un gobierno de progreso, se lo debía haber comunicado primero directamente al interesado y no haber aprovechado  su paso por La Zarzuela para escenificar la oferta. Hay demasiado teatro y poca seriedad en esas nuevas formas de hacer política. Y tercero porque lo primero que han puesto sobre la mesa de negociación han sido los sillones en los que se quieren sentar. ¿Dónde está el cambio que prometían, si lo primero que hacen es pedir sillones sin haber hecho antes ni una sola propuesta para debatir sobre lo que realmente preocupa a los ciudadanos? Contrástense y debátanse primero los programas, elabórese un plan de gobierno y luego se ponen de acuerdo sobre el reparto de responsabilidades. Podemos no ha hecho propuestas, se ha limitado a imponer condiciones. No es la mejor forma de plantear el inicio de una negociación.
    Existe una percepción generalizada de que lo que realmente ha pretendido Pablo Iglesias ha sido tender una encerrona al PSOE, y sobre todo a Pedro Sánchez ante su supuesta debilidad dentro del Partido a causa de la actitud de algunos barones y gerifaltes. Si lo que pretende con esa estrategia  es terminar de hundir al PSOE y así conquistar el Cielo, puede que lo consiga, pero también pudiera equivocarse. Los ciudadanos quieren un pacto para que cuanto antes se empiece a trabajar para solucionar sus problemas, sobre todo el paro y las secuelas  de pobreza y miseria que ha dejado tras sí. Los ciudadanos piden que se terminen los viejos hábitos de la política española, basada en la confrontación permanente, quieren y esperan que se negocie y se pacte, y que se recupere cuanto antes todo lo que se ha perdido durante los cuatro años de gobierno del PP.
     Hay demasiado teatro en las actuaciones de de los líderes de Podemos, y pudiera ser que Pablo Iglesias terminara convirtiéndose en el Beppe Grillo español, y Podemos en la CUP de la política española, pero Pedro Sánchez no se va convertir en el Artur Mas de dicha política. Pablo Iglesias ha criticado la vieja política, y con razón, pero la suya, la de machacar al adversario  político como única forma de conseguir el poder, de conquistar el cielo, y el poder por el poder, es maquiavelismo puro y duro,  poco original y no representa nada nuevo. Los ciudadanos no están pidiendo Príncipes que gobiernen a su antojo, para eso ya tenemos  los mercados, sino políticos, que sin ocultar sus ideas y sus intenciones, luchen por destronar a esos nuevos Príncipes del neoliberalismo capitalista, y para liberar a los ciudadanos de la nueva servidumbre  a la que han sido sometidos por las inicuas leyes de la globalización y de los emperadores  de los mercados. Hay que desmontar el entramado ideológico del paradigma neoliberal y construir, desde la izquierda, un nuevo discurso que demuestre que si hay alternativa al modelo de política económica neoliberal, pero hay que hacerlo desde el respeto mutuo y la lealtad.
    Pedro Sánchez encajó con gallardía lo que se puede considerar juego sucio y un golpe bajo por parte de Pablo Iglesias en el cuadrilátero de la vieja política, y a pesar de la sorpresa, por lo inesperado del golpe, respondió ofreciendo una serie de propuestas sobre las que debería centrarse el inicio de las negociaciones, no por el reparto de sillones. Háganse propuestas, no se impongan condiciones antes de empezar por ninguna de las dos partes. Eso es lo normal y lo que quieren y esperan los ciudadanos.
    Tampoco sería lógico que el PSOE, como consecuencia de esa actitud prepotente, tal vez insolente e incluso humillante por parte de Pablo Iglesias, se oponga a una negociación transparente, con luz y taquígrafos, donde de verdad, sin teatro, se aborden los temas que realmente preocupan a los ciudadanos. El PSOE, por cuestiones de forma, no puede dar la baza a Podemos para que Pablo Iglesias pueda decir: “veis, ya  lo decía yo, el PSOE nunca ha querido pactar con notros”. El PSOE debe negociar hasta el límite,  sin condiciones previas, y si Podemos plantea exigencias o pone condiciones que hagan imposible el pacto, que sean ellos quienes expliquen claramente a sus votantes qué es lo que quieren hacer con España. Es la hora de la verdad, el teatro ha terminado. El PSOE no puede asumir el coste político de que por cuestiones de forma haya que ir a nuevas elecciones o facilitar que  siga gobernando el PP. Es verdad que hay en el PSOE  barones y gerifaltes que, desde sus convicciones socialliberales, se muestran contrarios no ya al pacto, sino a la mera negociación. Demonizan  las ideas. Pero han sido ellos, quienes con sus planteamientos ideológicos, han conducido a que el PSOE haya perdido el apoyo de los ciudadanos, y en estos momentos estarían mejor callados. Por eso desde las bases debemos decirles basta, que dejen de enredar con el gran pacto que daría tranquilidad a los mercados pero se continuaría dejando en la cuneta a millones de desempleados.
    Es el bien de España y de los españoles lo que está en juego en  esas posibles negociaciones, cuyo primer objetivo debe ser conseguir la unidad de la izquierda para la elaboración de un proyecto de cambio que habría que defender en Europa, y que coloque como centro de la política económica el interés y el bienestar de los ciudadanos, y no la defensa de los intereses del capitalismo. Hay que legislar para garantizar el bienestar de los ciudadanos no los intereses del gran capital. Y en segundo lugar hay que desmontar la idea de que no hay alternativa al neoliberalismo económico y de que cualquier iniciativa contraria al modelo neoliberal es populismo irresponsable o radicalismo que pondría en riesgo el bienestar y la seguridad de los ciudadanos. Sin embargo, no hay mayor radicalismo que dejar en la miseria económica y la exclusión social a millones de personas, que no tienen o no tendrán nunca  la posibilidad de acceder a un puesto de trabajo digno y bien remunerado, y no lo tendrán porque esa es la consecuencia inmediata e ineludible del modelo económico neoliberal reinante.
    Hay que demostrar que el modelo neoliberal de los recortes y la austeridad no es una exigencia económica sino la expresión teórica y práctica de una ideología. Y es esa ideología la que hay que combatir desde el campo de las ideas. Es sobre esos aspectos ideológicos fundamentales en los que se debe centrar la negociación que haga posible un acuerdo y un pacto. Hay que ser radicales y no tener complejos a la hora de defender los derechos fundamentales de los ciudadanos, y la única forma de garantizar esos derechos es realizar políticas redistributivas, que son las únicas que pueden garantizarlos. Lo contrario sí que es populismo y radicalismo antisocial. Y es esa necesidad de combatir los fundamentos ideológicos, en los que se basa el modelo neoliberal, lo que obliga al entendimiento de ambos partidos. Lo contrario sería traicionar las expectativas y la esperanza de cambio de los  ciudadanos.

   Nadie entendería que por cuestiones exclusivamente personales o partidista hubiera que repetir las elecciones porque alguien piense que, en una hipotética repetición, saldría beneficiado. O lo que aún sería peor, que se provoque la caída den Pedro Sánchez, y que aparezca algún salvador o salvadora, partidarios del gran pacto, y que sacaran a Rajoy o al PP de la tumba, cual otro Lázaro, que todo podría ocurrir. Con lo cual se cumpliría la profecía de Pablo Iglesias de que el PSOE prefiere pactar con el PP antes que con ellos.  Si eso ocurriera no dejaría de ser una gran irresponsabilidad de la que alguien tendría que responder. Porque quienes seguirían pagando la consecuencias serían los ciudadanos. ¿Alguien está dispuesto a asumir esa responsabilidad? 

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